Acerca de
Sha naqba imuru. “El que ha visto lo profundo”, apelativo de Gilgamesh.
Gilgamesh se atrevió a ver en lo profundo porque su ser le impelía a buscar.
Buscaba la inmortalidad.
Gilgamesh es un paradigma para los hombres de todos los tiempos porque desea vivir y desea conservar al amigo. No quiere estar solo.
Busca, y en la amistad encuentra sentido. Pero la muerte rompe el sentido y rompe su razón. Como un loco huye en busca de una solución a la muerte.
Su sino era morir, pero también no ser olvidado.
¿A dónde hemos de buscar nuestra epopeya, si todo parece ya descubierto? ¿A dónde el misterio, si nos condenaron a una verdad revelada?
La sabiduría nos interpela como una aventura por emprender. Sólo los libros hablan desde lo profundo en este mundo empobrecido.
¿A dónde saldríamos en busca de la vida? Por doquier se nos ofrece sólo entretenimiento. De aquí podemos obtener al menos una enseñanza: se lee para vivir, para ser humanos, por la promesa de llegar a ser quien uno es; no leemos por entretenimiento.
Desde la perspectiva del entretenimiento la lectura está perdida. No puede competir con los potentes medios de distracción actuales. No. El entretenimiento no es opción ni es vida; de hecho, el entretenimiento es nuestra muerte: su fin es consumir toda la vida que no destinamos al trabajo.
El capitalismo ha monopolizado el placer.
Pues nos queda el dolor, nos queda la angustia existencial, el vacío y las batallas internas. Estos son los mejores maestros en una sociedad hedonista. En el camino de la literatura encontraremos el acceso a un placer más auténtico, más disfrutable en la medida de su rareza, de su ser proscrito: el placer de pensar.
Donde todo está dispuesto para que no pensemos, para reducir nuestras vidas al trabajo y a los entretenimientos, se vive, si es que hemos de vivir, a contracorriente; se vive en la digna rebeldía, en el amor al conocimiento, en el respeto a los maestros que nos hablan desde la palabra escrita.
Somos hombres; somos Gilgamesh hambriento de inmortalidad.
¡Pronto! Al camino. Que se hace tarde.

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